Grupos chinos va por la compra de Fiat Chrysler

FiatUna nota de ‘Clarín’, firmada por Julio Algañaraz, confirma lo que se ha venido comentando: el interés de varios fabricantes de vehículos chinos por hacerse de Fiat Chrysler Automobiles (FCA).  El portal argentino lo publicó el sábado por la tarde y permite adentrarse en una movida que necesariamente será noticia en los próximos meses:

“Es mucho más que un gran negocio.  Los mayores fabricantes chinos de automotores se han lanzado a hacer ofertas para comprar Fiat Chrysler, con la prisa que impone el líder del régimen de Beijing, Xi Jinping, porque China debe invertir un billón y medio de dólares de aquí al 2025 en el exterior para ampliar sus bases tecnológicas y las sinergias con el aporte extranjero.  La compra del tercer gigante del automóvil de Estados Unidos, detrás de General Motors y Ford, sería el golpe del año, pero la maniobra compradora es compleja: se espera una reacción poco entusiasta del presidente Donald Trump, aunque le sería difícil impedir una inversión china.

La primera noticia la difundió ‘Automotive News’, principal revista del sector.  Se sabe que Great Wall Motors hizo una oferta “un poco superior a la capitalización del Grupo en Bolsa”, que es de 16.000 millones de dólares.  Sergio Marchione, el conductor de Fiat Chrysler, cuyo accionista de control es la italiana familia Agnelli, con el 24% de las acciones y el 33% del voto, respondió con un “No” porque le pareció una propuesta insuficiente.

Otras fuentes periodísticas especializadas señalaron que Fiat Chrysler y Great Wall intercambiaron visitas en sus cuarteles centrales de Auburn Hills, en Detroit, y Baoding, en China, para seguir las discusiones.

De inmediato los mercados se agitaron.  En la Bolsa de Milán el titulo Fiat subió un 8% en un día pese al desierto que hay en Italia por las vacaciones veraniegas de agosto.

Los chinos explican que el plan “Made in China 2025” del gobierno de Beijing tiene el objetivo de dar un salto de eficiencia y calidad industrial del país, buscando tecnología en el exterior para mejorar la producción en las fábricas.

La operación con Fiat Chrysler pretende adquirir su mayor fuerza industrial, centrada en la pick up de marca Ram y los “todo terreno” y SUV’s de la carismática Jeep, que vende dos millones de unidades por año.  También interesan los modelos Dodge.

No entrarían en el negocio las marcas Maserati y Alfa Romeo, que para los mercados que trabajan a los chinos no interesan porque son de lujo.  Los italianos están de acuerdo: el año pasado separaron del grupo a su máxima joya, la Ferrari, que la familia Agnelli quiere tener siempre bajo su control.

En cambio hay otra empresa China, el grupo CAC, interesado en comprar la marca Lancia.  Los italianos están negociando, mientras siguen una estrategia para resucitar Alfa Romero con un plan industrial ambicioso y potenciar a Maserati, dos legendarias marcas.

Otras empresas chinas interesadas en comprar Fiat Chrysler también han viajado a Detroit a tratar con Sergio Marchione: DongFeng Motor, Zhejiang Geely y Guangzhou Group.

Hace siete años los chinos de Geely compraron la sueca Volvo, que agonizaba en Suecia y la hicieron crecer rápidamente en los mercados asiáticos.   En el 2016 vendió medio millón de unidades, con muy buenos beneficios.  Este ejemplo impresiona a los grandes grupos de China y los estimula a apropiarse de grandes casas automovilísticas.

Los europeos están preocupados por el dinamismo agresivo de los chinos, que compraron también nada menos que Pirelli, uno de los principales productores mundiales de neumáticos, y Kuka, un productor alemán a nivel mundial de robots industriales.

La comisión de la Unión Europea reforzará en septiembre los controles sobre la adquisición de grupos industriales por parte de los chinos.  Alemania, Francia e Italia pidieron la medida.

Los chinos no quieren de ninguna manera una guerra comercial con Estados Unidos y Europa, pero tampoco están dispuestos a renunciar a expandirse globalmente.

Los mercados bursátiles, que han puesto en el centro del interés financiero internacional a Fiat Chrysler como objeto del deseo de los chinos y causa de retortijones en la relación ya agitada entre EEUU y China, se interroga sobre cuál será la reacción del Presidente Trump, que algunos consideran decidido a obstaculizar la compra del tercer gigante productor de autos, utilitarios y camiones. Por otro lado, pone ansiosos a los mercados el silencio hermético de la Corporación China Investment, controlada por el Estado comunista, que mueve con el menor ruido posible cientos de miles de millones de dólares.

El Dragón de Beijing, bajo el mando del líder Xi Jinping, promueve las inversiones en los mercados extranjeros, pero sólo autoriza el 60% de las transacciones, especialmente en Estados Unidos.  Las especulaciones, interesadas por supuesto, señalan que es dudoso que Wall Street y Dongfeng puedan absorber la adquisición de FCA Chrysler, de tanta magnitud que podría resultar indigesta.

Como Sergio Marchionne se retirará como capo de Fiat Chrysler a fines del 2018, concentrándose en la Presidencia de Ferrari hasta el 2021, no faltan los que sostienen que el ensordecedor murmullo de la compra china sirve en realidad para estimular la fusión entre Fiat Chrysler Automobiles y General Motors, el número uno de los productores norteamericanos del sector.  Este sí que sería un golpe extraordinario y que podría entusiasmar al proteccionista Trump: un gigante cuyas fábricas producirían 15 millones de vehículos por año, con cuotas de mercado líder en muchas áreas del mundo.  Por ejemplo, la fusión daría a los dos grupos el 24,3% del mercado latinoamericano y el 29,6% del área NAFTA (Estados Unidos, Canadá y México).  En Europa, se llegaría al 13,3%, en China al 11,8% y a nivel global GM y Fiat Chyrsler controlarían el 16,4% del mercado mundial de autos y camiones.

Hasta ahora General Motors rechazó como una dama virtuosa todos los bailes de la fertilidad que Sergio Marchione danzó en favor de la fusión.  Mary Barra, CEO de GM, dijo dos veces que el matrimonio con el número tres no interesaba al número uno.  General Motors abandonó el mercado europeo, vendiendo Opel al Grupo francés PSA (Peugeot, Citroën y DS) en 1.300 millones de dólares.

Esta situación está derivando en una nueva crisis geopolítica en un mundo desordenado.  Trump advirtió que defenderá la propiedad intelectual de las empresas norteamericanas que se radican en China.  Hasta ahora no dijo una palabra sobre una fase de “invasión” de compras de industrias norteamericanas, sobre todo con tecnologías avanzadas, pero muchos esperan el parate.

China está en fermento.  Salir al exterior con recursos cada vez más cuantiosos gracias a su crecimiento incomparable, sirve a su industria para construir una plataforma activa en la economía global.  Un informe de fuente china señala que las necesidades de inversión superan en un 70% los niveles actuales”.

Fuente: Clarín

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