En Motormario probamos el nuevo Jeep Cherokee
19 agosto, 2014

Los Cherokee son los nativos indígenas de Norteamérica, integrantes de las Cinco Tribus Civilizadas del actual Estados Unidos, junto con los Chickasaw, los Choctaw, los Creek y los Seminola. Y que mejor que un nativo, para otro nativo.

El mes pasado llegó a Uruguay el nuevo Jeep Cherokee, que se ofrecerá en tres versiones, Sport, Longitude y Limited, con dos motorizaciones posibles: MultiAir2 Tigershark de 2.4 litros, 16 válvulas y 184 caballos de fuerza, y Pentastar V6 de 3.2 litros, 24 válvulas y 271 caballos.

Fabricado en la planta de Toledo, Ohio, en Estados Unidos, cuenta con tracción delantera para la versión Sport, o 4×4 Active Drive para las variantes Longitude o Limited.

El modelo testeado es el Cherokee Longitude, que llega con el linaje multipropósito de la marca que se creó en 1941 con fines militares por Willys-Overland. Ahora, bajo la égida del Grupo Fiat, representado en nuestro país por Sevel, deja a un lado la otrora rusticidad y dureza, ganado en diseño y confort, sin descuidar sus genes todo terreno.

Renovado exterior

Nacido en 1974 sobre la base del modelo Wagoneer, el Cherokee llegó en 2013 a su quinta generación, viendo la luz por primera vez en el Salón del Automóvil de Nueva York.

Atrás quedaron las líneas rectas, para dar paso a un jugado y renovado diseño, que no estuvo ajeno a las críticas, positivas, y negativas. Para nosotros, el diseño es un sí rotundo.

Desde fuera el modelo se puede ‘leer’ en dos partes: la primera, de la línea de cintura hacia abajo, en donde Jeep conservó la esencia de la marca, destacándose los guardabarros trapezoidales, presentes en la marca desde 1941.

Albergan llantas de 17 pulgadas para neumáticos 225/65 R17 en esta versión, y también, en la parte inferior de la SUV, yacen los faros delanteros principales, los rompenieblas, y un borde en plástico que recorre los zócalos, el frente inferior, y la parte baja de la zaga.

Por encima de la cintura aparece lo más llamativo del Cherokee. Ningún ángulo recto en su carrocería, que entre líneas fluídas combina el color elegido con el cromado, que bordea la clásica pero reestilizada parrilla delantera de siete bastones, el ingreso de aire en el faldón delantero de panal de abeja, y las zonas vidriadas laterales.

Las ópticas de luces diurnas y señaleros en posición elevada, que van casi hasta los guardabarros delanteros, dotan de personalidad al Cherokee, y reafirman que estamos ante un producto completamente nuevo.

Detrás se destaca el gran spoiler con la tercera luz de freno, la elaborada luneta, y las luces traseras de generosas dimensiones, nuevamente, carentes de líneas rectas, en posición también elevada. El escape se sitúa abajo, a la izquierda, y es cromado.

Calidad interior

En nada se parece a los viejos Jeep, aquellos de la década del 50, construidos en chapa de la pura y dura. En el Cherokee se respira calidad, con materiales blandos en su mayoría, de agradable tacto y bien encastrados.

El asiento del conductor, con ajuste lumbar además de los clásicos, es sumamente cómodo y de buena sujeción lateral. Las múltiples regulaciones permiten encontrar rápidamente la ubicación deseada, asociado al volante con regulación en altura y profundidad. A propósito, la empuñadura es gruesa, para un diámetro justo, y cuenta con varios comandos satelitales: computadora de a bordo, telefonía, audio y control de crucero.

Entre los asientos delanteros dos grandes portaobejtos, que cerrados, ofician de posabrazos. Dentro, conexiones para el audio, con el lector de CD oculto. Y ya que estamos en este punto, un gran equipo de sonido, con varias posibilidades de reproducción, nueve parlantes y subwoofer.

La consola central alberga los controles de climatización, botones para el control de tracción y sesnsores de estacionamiento, y por encima, la pantalla táctil de 8,4 pulgadas* multifunción con el sistema multimedia Uconnect.

Los asientos traseros son cómodos, dejando espacio para tres ocupantes, con sus respectivos cinturones de seguridad de tres puntos. En el centro, se puede hacer uso de un posabrazos escamoteable, y las butacas, poseen regulación longitudinal y de reclinación.

El maletero es espacioso, con accesorios removibles para mayor comodidad, y su capacidad, de 696 litros, ampliable a los 1.554 con los asientos posteriores rebatidos.

En la ruta

La insonorización y el confort de marcha son indudablemente sus puntos altos, debido en gran parte, a la inédita transmisión ZF de 9 cambios. Asociada al motor MultiAir2 Tigershark de 2.4 litros, 16 válvulas y 184 caballos de fuerza, el Cherokee se mueve con fluidez, tanto en el tránsito urbano como en rutas.

La caja cumple con su cometido de mantener la marcha a bajas vueltas, subiendo cambios casi imperceptiblemente frente a un manejo suave, ayudando a contener el consumo. En promedio, registramos un gasto de combustible de 9,85 litros cada 100 km, mejorando esa marca en ruta, hasta los 8,6 litros cada 100, yéndose hasta los 11,1 en ciudad, a hora pico. Las cifras para nada son descabelladas, si tenemos en cuenta que el motor es de aspiración atmosférica, que entrega su par máximo (234 Nm) a partir de las 4.600 vueltas, y que el vehículo pesa 1,816 kg en orden de marcha.

Dejando el consumo a un lado, si pisamos con vehemencia el pedal derecho, el Cherokee se catapulta con soltura, y la caja estira los cambios hasta el corte de revoluciones. Si queremos un manejo aún más deportivo, debemos seleccionar el modo Sport, y allí la caja nos deja ‘jugar’ un poco más con las vueltas del motor, al tiempo que la tracción se distribuye en un 40-60 a los trenes delantero y trasero. El sonido que proviene del impulsor exigido es agradable, y la aceleración y recuperación, correctas para el SUV de este porte.

Su esquema de suspensión, McPherson adelante y multilink detrás, es firme, pero no llega incomodar en pozos y baches. La firmeza ayuda y mucho a la hora de hacer ruta, pues el Cherokee no se bambolea, no se inclina en curvas rápidas, y su marcha por línea recta es imperturbable. Exigiendo al máximo en curvas cerradas, no notamos reacciones desagradables, tampoco en ripio, en donde transita como si de asfalto se tratase.

En plena ruta 9 tuvimos que esquivar una rama. Volante a izquierda y luego a derecha, y por cierto, la tenida de ruta nos sorprendió agradablemente.

La dirección, de asistencia eléctrica, hace las cosas muy sencillas a la hora de estacionar el vehículo de 4.624 metros, con la ayuda del ParkView y sus sensores con alarma sonora. Una vez que ganamos velocidad, el volante se vuelve firme, evitando movimientos no deseados.

El aislamiento acústico es sobresaliente, y salvo que exigamos el 2.4 al máximo, es imperceptible dentro del habitáculo, si bien fuera es algo rumoroso.

Para frenar utiliza discos ventilados de 330mm adelante, y discos sólidos de 278mm detrás, con ABS+EBD y sistema de frenado de emergencia BAS. Probado en asfalto y en ripio, frena con firmeza y sin perder la línea, ayudando para ello el control de estabilidad ESC de serie en este modelo.

¿Qué pasa si queremos sacar a relucir el ADN Jeep?

Fuera de la ruta

Aquí entra en juego el sistema de tracción, en este caso, el integral 4×4 Active Drive con Select-Terrain. Por delante de la palanca selectora del cambio automático, encontramos un comando de rosca, que permite interactuar en cuatro modos electrónicos predeterminados de terreno: automático, nieve, sport, y barro/arena. Con ese sistema se logra una mejor tracción según el piso, encargándose la computadora de setear distintos parámetros en la transmisión para hacer el trabajo más sencillo. Bloqueo de diferenciales, y conexión automática de la tracción posterior se ponen en acción. Pero antes, a no olvidarse cuando el terreno lo requiere, quietar presión de los neumáticos, en este caso, hasta lo 1.5 bares.

Pudimos circular por arena blanda sin problemas, y por barro pesado sin algún temor. Sólo hay que elegir una marcha adecuada en el modo manual de la caja de cambios, tercera, o cuarta, por ejemplo, y pisar suavemente el acelerador para evitar que patine, y el sistema hace el resto por nosotros. El Cherokee Latitude se mueve por allí con solvencia, pudiendo aventurarnos fuera del camino siempre que las condiciones no sean las más exigentes. Eso se lo dejamos a la variante Trialhawk, la preparada especialmente para el off-road, disponible solo bajo pedido en Uruguay.

La oferta de Cherokee parte desde los U$S 68.000 para su versión Sport, costando la variante probada, U$S 79.000.

Seguridad

Top Safety Pick+ y 5 estrellas Euro-NCAP

El Cherokee equipa de serie siete airbags, frenos con ABS+EBD con sistema de frenado de emergencia (BAS), control de estabilidad (ESC), control de estabilidad de remolques (TSD), control de tracción (TCS), control electrónico antivuelco (ERM), apoyacabezas delanteros activos y anclajes LATCH para sistemas de retención infantil.

En las pruebas realizadas por el organismo independiente Insurance Institute for Highwy Safety (IIHS), el modelo fue nombrado como Top Safety Pick+, tras obtener los mejores resultados en cuatro pruebas: evaluación de impacto lateral, frontal con desplazamiento moderado, vuelco y colisión trasera. El galardón se entrega a los modelos más seguros de Estados Unidos, y la lista es integrada por un número acotado de vehículos.

Además, obtuvo las preciadas 5 estrellas en las pruebas realizadas por el programa europeo Euro-NCAP.

Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buena los límites establecidos por la naturaleza. Eso dijo Hipócrates.

Claro, el médico griego no llegó a conocer ningún Jeep.

Hebert Paguas
Fotos: Álvaro Portillo

*La versión probada poseía pantalla de 5 pulgadas.

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